¿Qué se pretende reformar?
Actualmente, sobre la mesa del Congreso hay una propuesta que contiene alrededor de 20 modificaciones legales. Los puntos principales se concentran en las siguientes direcciones:
Primero, el mecanismo de rendición de cuentas del Consejo Nacional Electoral (CNE).
El problema pasado fue muy concreto: algunos consejeros faltaban a las sesiones plenarias sin justificación, lo que paralizaba las decisiones electorales. La propuesta de reforma plantea que los consejeros que falten sin causa justificada enfrenten responsabilidad civil, administrativa e incluso penal, y que ello pueda ser motivo de destitución inmediata. Asimismo, podrían ajustarse el quórum y la forma de votación del pleno —pasando de la «unanimidad» a la «mayoría simple»— para que las decisiones no queden bloqueadas por individuos.
Segundo, la «ciudadanización» de las Juntas Receptoras de Votos (JRV).
Esta es la reforma más controvertida. Actualmente, las juntas receptoras de votos están integradas por militantes activos de los partidos, lo que equivale a «dejar que los jugadores sean al mismo tiempo árbitros». La propuesta sostiene incorporar ciudadanos sin afiliación partidaria en las juntas, y que los representantes de los partidos pasen a un rol de «veedores».
Un diputado lo dijo sin rodeos: «No se puede permitir que los partidos sean al mismo tiempo juez y parte». Pero esto también toca el interés central de los partidos: quien controla las juntas receptoras controla, en gran medida, el proceso de conteo.
Tercero, la mejora del Sistema de Transmisión de Resultados Electorales Preliminares (TREP).
El retraso en el conteo de 2025 expuso la fragilidad del sistema técnico. Las líneas de reforma incluyen: establecer auditorías técnicas obligatorias, realizar pruebas piloto y simulacros, y elaborar protocolos de ciberseguridad y contingencia. El objetivo es que los resultados de las próximas elecciones salgan el mismo día, y no se arrastren durante semanas.